Glifosato: alertan por una exposición mayor a la prevista y un riesgo creciente para la salud, con impacto crítico en enfermedades raras
La discusión sobre el glifosato volvió a escalar a nivel global tras la publicación de nuevos estudios que sugieren que la exposición a este herbicida —el más utilizado del mundo— es significativamente mayor de lo que se estimaba hasta ahora. A esto se suma evidencia creciente sobre su presencia en suelos y ecosistemas, lo que amplía las preocupaciones sanitarias, especialmente para poblaciones vulnerables.
Un estudio internacional con participación española, difundido por Diario Veterinario, reveló que el análisis de heces —una metodología más precisa que la tradicional medición en orina— detecta el herbicida en una proporción mucho mayor de personas y animales. En Europa, el glifosato apareció en el 71% de las muestras humanas, mientras que en Argentina la detección alcanzó el 100%.
Los investigadores concluyen que este enfoque permite evidenciar una “exposición generalizada […] más amplia que la informada hasta ahora”, lo que obliga a replantear los niveles reales de contacto con esta sustancia en la vida cotidiana.
En paralelo, un informe difundido por Canal 26 advierte que la contaminación ambiental también es masiva: cerca del 70% de los suelos europeos presentan residuos de pesticidas, entre ellos el glifosato, con efectos directos sobre la biodiversidad y el funcionamiento del suelo.
Estos hallazgos refuerzan una tendencia preocupante: el glifosato no solo está más presente en el ambiente de lo que se creía, sino también dentro de los organismos vivos.
Un impacto desigual: la alerta por enfermedades raras
Pero el problema no afecta a todos por igual. Especialistas advierten que la exposición a contaminantes ambientales como el glifosato puede tener consecuencias particularmente graves en personas con enfermedades raras.
Se trata de condiciones que, en su gran mayoría, aún no están completamente comprendidas por la ciencia, presentan diagnósticos tardíos o complejos y carecen de tratamientos específicos. Cuando estos existen, suelen implicar terapias altamente costosas y sostenidas en el tiempo, generando una fuerte carga para los sistemas de salud.
En este contexto, la prevención adquiere un valor estratégico. “No prevenir la exposición a contaminantes impacta en toda la población, pero tiene un peso crítico en patologías complejas, donde cualquier factor adicional puede agravar la evolución clínica y multiplicar los costos sanitarios”, señalan expertos en salud pública.
Una advertencia que no es nueva
Desde Argentina, organizaciones especializadas ya venían alertando sobre esta problemática. Desde las páginas de CERyD, en publicaciones del 17 y 30 de diciembre de 2025 se alertó sobre los riesgos que implican los contaminantes ambientales —como el glifosato— para las personas que viven con enfermedades poco frecuentes.
En esos análisis, la entidad remarcaba que la falta de prevención ambiental puede profundizar desigualdades en salud, al impactar con mayor intensidad en poblaciones clínicamente vulnerables y con menor disponibilidad de tratamientos.
Hoy, lo que antes era una advertencia desde ámbitos especializados comienza a ganar visibilidad en medios masivos y estudios científicos internacionales.
Ciencia en debate, riesgo en expansión
El glifosato continúa siendo objeto de controversia. Mientras algunos organismos regulatorios sostienen que su uso es seguro dentro de ciertos límites, otros trabajos científicos lo vinculan con efectos adversos en la salud, incluyendo su clasificación como “probablemente cancerígeno” por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer.
En paralelo, investigaciones recientes también advierten sobre posibles efectos a largo plazo, incluso a dosis consideradas “seguras”, lo que alimenta el debate sobre la necesidad de aplicar el principio precautorio.
Un problema ambiental, sanitario y económico
La combinación de exposición extendida, contaminación del suelo y posibles efectos en la salud plantea un desafío complejo: no se trata solo de un problema ambiental, sino también sanitario y económico.
En especial, en áreas como las enfermedades raras, donde los tratamientos son escasos y costosos, la prevención de riesgos evitables podría reducir significativamente la carga sobre los sistemas de salud.
El mensaje que emerge de los nuevos estudios es claro: el glifosato ya no puede analizarse solo desde la productividad agrícola. Su impacto atraviesa la salud humana, los ecosistemas y la sostenibilidad de los sistemas sanitarios.
Y, como advierten cada vez más especialistas, ignorar estas señales puede tener un costo mucho más alto en el futuro.