La contaminación por nano-plásticos y la amenaza para las enfermedades raras.
En notas anteriores publicadas en esta página (28 de abril y 25 de septiembre de 2025) destacábamos información que advertía sobre los riesgos para la salud asociados a la presencia de diminutas partículas de plástico —conocidas como micro y nano-plásticos— en alimentos y bebidas de consumo cotidiano. Hoy, esa preocupación sigue creciendo: la ciencia confirma que estas partículas no solo entran al cuerpo humano, sino que pueden detectarse en distintos tejidos y fluidos, interactuando con procesos biológicos y no como residuos inertes.
Entender las enfermedades raras ya es un enorme desafío para la medicina: se trata de patologías poco frecuentes, con escasa información disponible, diagnósticos complejos y tratamientos limitados. Si a este escenario se le suma un organismo sobrecargado de contaminantes plásticos, el panorama puede tornarse aún más preocupante para pacientes y profesionales de la salud.
¿Qué están descubriendo los científicos?
Investigadores de distintas instituciones coinciden en que los micro- y nano-plásticos están presentes en nuestro entorno y dentro de nuestros propios cuerpos: Estudios recientes han encontrado microplásticos en tejidos humanos como placenta, sangre y otros órganos. En particular, investigaciones científicas han detectado partículas de plástico en placentas humanas, lo que sugiere que estas partículas pueden atravesar barreras biológicas importantes. (https://nuevoenfoqueurbano.
La amenaza oculta en la vida cotidiana
Investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata han alertado que los micro-plásticos y nano-plásticos se encuentran en sangre, tejidos y fluidos biológicos, y su presencia en órganos reproductivos y en la placenta podría tener implicancias sobre la fertilidad y el desarrollo biológico.
El origen de esta contaminación es múltiple: alimentos como pescados, mariscos, frutas y verduras, productos empaquetados, cosméticos y el agua y aire que respiramos.
Además, muchos plásticos contienen aditivos químicos, como ftalatos o bisfenoles (BPA y BPF), que ya se sabe interfieren con el sistema hormonal humano y están asociados a trastornos metabólicos, reproductivos y de desarrollo.
¿Qué está pasando en ambientes remotos?
Las señales de alerta no se limitan a las grandes metrópolis. Un estudio argentino publicado por la Universidad Nacional de La Plata liderados por los doctores Lucas Rodríguez Pirani y Lorena detectó microplásticos en el aire del Canal Beagle, en la región subantártica cercana a Ushuaia. Esto indica que la contaminación plástica ya está alcanzando zonas antes consideradas prístinas, y que los vientos pueden transportar estas partículas incluso hacia la Antártida.https://unlp.edu.ar/
¿Cuánto micro-plástico consumimos?
Los cálculos preliminares de algunos equipos de investigación sugieren que una persona puede estar consumiendo hasta varios gramos de microplásticos cada semana a través de alimentos, agua y aire. Aunque estos números aún se están afinando, la presencia constante en nuestra dieta y respiración es indiscutible.
¿Qué reclaman los científicos?
Frente a estos hallazgos, diversas organizaciones científicas y ambientales (como Consciente Colectivo, FARN y el Taller Ecologista) insisten en la necesidad de: reducir la producción de plásticos, regular eficazmente sus componentes químicos, diseñar políticas de salud pública específicas para esta problemática
Mientras tanto, especialistas recomiendan a la ciudadanía: evitar recalentar alimentos en envases plásticos, usar recipientes reutilizables de vidrio o acero, reducir el uso de plásticos de un solo uso, preferir materiales naturales cuando sea posible
La importancia de tomar conciencia
La ciencia aún está construyendo el conocimiento sobre cómo los micro- y nano-plásticos afectan la salud humana de forma directa, y más aún cómo interactúan con condiciones médicas complejas como las enfermedades raras. Lo que sí sabemos es que la contaminación por plásticos está en todas partes: en el agua, en el aire, en la comida y ahora también en nuestros cuerpos —y cuanto antes reduzcamos nuestra exposición, menor será el riesgo asociado.